Promoción Víctima o verdugo

 Víctima o verdudo es una de las seis novelas que tengo a la venta en Amazon.

 

Los hechos narrados en esta estremecedora y ficticia historia acontecen en Ecuador y el País Vasco (España). En ella se habla de temas tan despreciables como la violencia de género, los abusos sexuales y la incapacidad de contener los impulsos…

 

SINOPSIS

 

Una joven de 19 años se ve obligada a abandonar su país de la noche a la mañana, prácticamente con lo puesto. ¿Qué ha ocurrido? ¿De qué huye? ¿Qué le infunde tanta intimidación para dejar atrás a su único hijo? ¿Será suficiente con poner tierra de por medio? ¿Terminará ahí su desdicha?

PREFACIO

16 de enero de 1985

María Fernanda Jaramillo llegaba a bordo de un taxi al Aeropuerto de Sondika (Bilbao), levantó el brazo y giró la muñeca hacia sus ojos para consultar su reloj de pulsera, mientras que el conductor le informaba del importe reflejado en el taxímetro: «No puede ser», pensó, y de manera mecánica, repitió cada uno de los pasos para asegurarse. No cabía duda, las manecillas señalaban las trece horas. Los nervios brotaron con la intensidad que emergen las flores en primavera, al concluir que habían llegado con quince minutos de retraso por culpa del tráfico rodado. Y tras abonar el importe de la carrera, se apeó del vehículo y condujo sus pasos con celeridad hasta el mostrador de información que está ubicado en la segunda planta de la Terminal número 2

—Hola, buenos días. ¿Sabe usted si ha arribado ya el vuelo IB 0426? —consultó agitada, con voz atropellada.

—En estos momentos se halla maniobrando para tomar tierra     —informó, haciendo un gesto con la mirada hacia el exterior, la recepcionista.

María Fernanda suspiró ruidosamente llevándose la mano a la traspirada frente.

—Muchas gracias. —Agradeció perfilando una tenue sonrisa, se despidió de la empleada con un «hasta luego»; condujo sus pasos hasta la zona acristalada, se detuvo unos segundos antes de llegar, alzó la vista hacia el plomizo cielo y vio que, además del descenso del avión, caía ligeramente una cortina de chirimiri, la cual hizo emerger un arco iris en el horizonte: quedándose ensimismada contemplándolo. Un poco después, al distinguir entre los pasajeros a su ahijada, el corazón comenzó a latir al doble de lo normal…

—¡María, María! ¡Estoy aquí! —gritó con reiteración mientras agitaba la mano derecha hacia los lados.

La recién llegada, al reconocerla, hizo un gesto en señal de asentimiento, y se echó a correr hacia ella y, tras soltar el equipaje de manera mecánica, ambas se fundieron en un apasionado y prolongado abrazo.

—¿Qué tal estás, cariño? ¿Cómo está la familia? ¿Qué tal el viaje? —preguntó, nerviosa y conmovida por los signos que, el inflamado y cárdeno rostro, indicaban que la joven había sido brutalmente golpeada.

—Doy gracias a Dios por haberme permitido salvar la vida, le doy las gracias a usted, ¡querida tía!, por haberme facilitado la salida del país… y haberme librado de ese malnacido al que, ¡equivocadamente!, he amado con locura…, y doy gracias a mis padres, y también a mis hermanas por haberse hecho cargo de mi pequeño José Carlos, el cual ha sufrido en silencio el peor de los castigos que un padre pueda imponer a un hijo —balbuceó, entre sollozos, antes de ser estrechada fuertemente por los brazos de quien consideraba su segunda madre y salvadora.

—Tranquila, cariño, ahora estás en España y nada tienes que temer. Tu hijito está con tus padres y no le faltará cariño ni protección. Lo que importa es que, a pesar del dolor que ello te pueda causar, es que: estás viva.

—Muchas gracias, sus palabras son como un bálsamo para mí.

—Bueno, habrá que ir pensando en abandonar la estancia, ¿no?.

Madrina y ahijada se miraron, y de manera mecánica, se proyectó una sonrisa en la comisura de sus labios.

—Sí, tía, que estoy deseando descansar un poco. Es la primera vez que salgo del país, y el viaje me ha dejado medio muerta…

Tras un efímero silencio, María prosiguió.

—Llegué al aeropuerto a eso de las siete de la mañana, me subí al avión cuando nos indicaron y a las ocho y dos minutos efectuamos el despegue, y cuatro horas después aterrizamos en Miami, y como no conocía nada y tenía miedo de perderme me quedé en el aeropuerto las cinco horas que faltaban para tomar el vuelo hasta Madrid, y de allí salimos a las cinco y veinticinco de la tarde y llegamos a España catorce horas después, y de nuevo tuve que esperar otras cuatro horas para despegar de Barajas, y una hora después tomamos tierra aquí, y la verdad es que estoy que me caigo de sueño.

—¡Qué me vas a contar a mí, hija!, si precisamente ese es uno de los motivos por el que apenas regreso a la tierra que me vio nacer.

—Tengo una duda, tía.

—Dime cariño.

—Siempre he creído que estabas en España; pero al bajarme del avión, lo primero que he visto ha sido un cartel que decía Bienvenidos al País Vasco, y eso me ha dejado desconcertada.

—Bueno, hija, eso es largo de explicar y aún más difícil de comprender; pero ahora: te ruego que te mantengas al margen, por la cuenta que nos tiene —dijo un poco antes de llegar junto al taxi que las trasladaría hasta el Gran Bilbao.

María asintió con un abrir y cerrar de ojos, y durante todo el trayecto, permaneció sin proferir palabra alguna.

Veinticinco minutos después, el taxi se detenía en la calle Tívoli frente a la plaza de Moraza. El conductor se apeó y avanzó junto a ellas hasta la parte trasera del vehículo para sacar del maletero el escaso equipaje, y tras indicar el importe de la carrera, María Fernanda buscó la billetera en el interior del bolso de hombro que llevaba colgado en bandolera y escarbó con los dedos en el fondo de este hasta reunir la cantidad indicada por el empleado de Radio Taxi. Después de entregar el importe indicado, las dos Marías, asieron la mochila y la bolsa de viaje que contenían las pertenencias de la más joven, se cogieron de la mano y fueron calle arriba hasta llegar a la intersección con la calle Matiko. Cruzaron la vía por el paso de cebra, y al llegar a la altura del portal número tres, María Fernanda depositó la mochila en el suelo, empujó la puerta de entrada con la intención de comprobar si estaba vuelta sin más, y al ceder esta, entraron y comenzaron a subir las escaleras hasta el primer rellano. Se detuvieron frente a una puerta de iroko, María Fernanda introdujo la mano en el bolsillo derecho de su acolchado anorak, sacó un llavero del Athletic de Bilbao, y tras seleccionar una de las llaves, la introdujo en la cerradura y la giró tantas veces como puntos de seguridad contaba el blindaje.

—Bienvenida al hogar, cariño —manifestó, ejecutando uno de los ademanes de cortesía: para invitarla a entrar.

Al traspasar el umbral, la originalidad con la que estaba decorado el diminuto recibidor hizo que el rostro de la invitada demudase en gesto de sorpresa; permaneciendo en ese estado durante el recorrido que tuvo que hacer hasta llegar al dormitorio que su adorable tía había predispuesto.

Una vez instalada, tras enseñarle la vivienda, María Fernanda descolgó el auricular, marcó el prefijo de Ecuador seguido del número que tenía memorizado desde hacía veinte años, como consecuencia de la periocidad con la que esta se ponía en contacto con la familia, para informar a su hermano de que María había llegado sana y salva a su destino. Después, tía y sobrina entraron en la cocina para reponer fuerzas con una frugal comida. Ensalada mixta y unas lonchas de jamón de pavo que María Fernanda había preparado antes de ir a recogerla al aeropuerto. Durante la sobremesa hablaron de la familia mientras degustaban un té con pastas hasta que, a eso de las cinco menos cuarto, María se desplazó hasta el dormitorio para descansar…

 *****

Y, llegados a este punto, si estás interesado en saber de qué va la historia, puedes acceder GRATIS al comienzo de la misma (9 págs.) clicando aquí.

*****

La opción tapa blanda te permite adquirir la versión digital GRATIS.

 

Gracias por la atención, y si decides hacerte con ella: Espero que disfrutes con su lectura.
Saludos

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s